En sus peluquerías les deben pedir todo tipo de cambios de look, pero seguramente hay una frase en boca de sus clientas que se repite regularmente: ¡Quiero un corte BOB! Y es que este estilo, que nace en los años ´20,  se ha vuelto a popularizar, reinventándose en varias versiones y consolidándose como un clásico en el arte de la peluquería.

 Jamás las enfermeras en la Primera Guerra Mundial hubieran pensado que el corte BOB, que crearon por mera comodidad e higiene en tiempos tumultuosos, se transformaría en un estilo emblemático.

Tiempo después del estreno de este corte, en los dorados años 20, las celebrities del momento, como la bailarina Irene Castle o la actriz Louise Brooks, empezaron a imponerlo en su versión estructurada como símbolo estético del nacimiento de una nueva mujer. Esa mujer que representaron las “flappers”.  Jóvenes de clase media, que vivían en la ciudad, trabajan y venían a romper con los estándares tradicionales de la época. Modernas, desenfadadas e independientes, mostraban hábitos distintos (como beber y fumar) y tenían una estética acorde a este nuevo concepto: habían enterrado el corsé para animarse a vestidos sueltos y cortos, les gustaba maquillarse y le daban gran importancia a su pelo. Ellas fueron las que masificaron el BOB; sus melenas lucían a la altura de los pómulos, con flequillos rectos y una impronta masculina y vanguardista.

En los ´60 el BOB tuvo un nuevo nacimiento, en manos del gran artista Vidal Sassoon, quien creó el corte “Nancy Kwan” (nombre de la actriz que lo lució por primera vez).  Este cambio fue un hito, no sólo por el impacto que generó verla a Kwan con un corte recto a la altura de la barbilla que caía sobre su rostro con una liviandad absoluta, sino porque tras su aparición en la portada de Vogue, se transformó en la obsesión de las mujeres.

Como buen intérprete de la época, el peluquero londinense comprendió que las mujeres buscaban cortes prácticos, de bajo mantenimiento y mucha versatilidad. Y fue así como el BOB se sometió a un riguroso estudio en manos de Sassoon, quien examinaba (¡y hasta medía!) sus líneas para encontrar la estructura perfecta dado que consideraba que “el corte de pelo tiene que ser vital y cuando caiga debe hacerlo en su forma natural, sin importar que uno acabe de hacer deporte o arrumacos con su amante”.

El largo recorrido que tuvo este corte parece no tener fin. Hace algunas temporadas volvió a erigirse como uno de los favoritos de las mujeres porque es fácil de mantener, de peinar y de reinventar.

Hay varias versiones del BOB en boga, pero la más pedida es la denominada LOB: Long BOB. Una melena por encima de los hombres, que se lleva con movimiento y ligero volumen, y que gracias a su longitud, puede recogerse o lucirse suelta con ondas surferas o retro, dos peinados del momento.

Se usan también cortes BOB angulares, asimétricos, escalados y retro. Son muchas las celebrities, como Sienna Miller, Alexa Chung, Emma Stone, Naomi Watts y tantas más, que lo lucen y lo reinventan temporada tras temporada con pequeñas variaciones en sus flequillos o en la coloración de sus melenas,  demostrando que, sin grandes cambios, este corte pueda lucir distinto.

De las enfermeras en tiempos de guerra, pasando por las flappers, y llegando a las mujeres proactivas de hoy, el BOB fue un estilo que expresó las necesidades de cada momento y que, gracias al arte de los grandes estilistas, siempre mostró una cara distinta.